Pelayo Martín. Las cosas no son para siempre.

Edelweiss es el recuerdo de Beirut. De un Beirut que muchos desconocemos. De lo que es ahora y lo que ha dejado de ser. La historia de una decadencia: como si el tiempo se hubiera detenido de golpe y con una pátina de polvo hubiera recubierto la opulencia y la huella de lo que un día fue.

A través de una serie de fotografías inspiradas en la capital libanesa, Pelayo Martín (Madrid 1991) documenta su romántica visión sobre el deterioro de una ciudad que ha dejado de ser considerada como la Suiza de Oriente Medio, aristocrática y cosmopolita, para convertirse en ese área geopolítica en conflicto que todos conocemos, ahogada en un clima de tensión con temas como la corrupción y la crisis de los refugiados.

Lo que en un principio iba a ser un trabajo de enfoque periodístico sobre el tema de la financiación del estado islámico a través de el cultivo de drogas en el Líbano se convirtió inesperadamente en un diario de viaje muy personal en el que refleja ese estado mutable de las cosas, esa reflexión sobre el paso del tiempo, el abandono y la fragilidad del momento presente que vivimos, y que narra a medio camino entre el documental y la mirada sociológica o personal psicológica.

Pelayo, ¿qué es lo que más te llamó la atención del país?
Líbano era un país muy rico. Era una excolonia francesa, como el Saint-Tropez de Oriente Medio, y financieramente era la sede de los países árabes. Al entrar en estas casas te dabas cuenta de lo increíble que pudo ser aquello (y lo que es ahora). Este es uno de los millones de posibles análisis que una persona puede hacer sobre la ciudad, porque al final he decidido mostrar esto. Cada uno ve la realidad que decide mostrar. Esta es una interpretación, una pequeña historia que he decidido contar alrededor de estas fotografías y de lo que yo visité y vi en Beirut.


¿Qué historia hay detrás de esta serie de fotografías?

Este es el barrio pijo de la ciudad, de la alta sociedad libanesa, donde las mansiones fortificadas y restauradas conviven con las ruinas. Muchas personas emigraron a Francia y a Estados Unidos y regresaron al estabilizarse la situación. Durante el tiempo que pasé allí, me dediqué a vagabundear por las calles viendo que había muchísimas casas abandonadas y palacios en los que me fui colando. Estas fotos son el reflejo del estado de esos antiguos palacios de antes de la guerra civil de Líbano de los años 90, que duró casi veinte años.
También tienes varias fotografías en blanco negro del viaje de una familia libanesa a los Alpes Suizos.


Es la típica historia que surge por un golpe de suerte, casi un tropiezo. Fui encontrando recortes de periódicos, hojas de diario fechadas del 93, y hasta un carrete de negativos en blanco y negro. Cuando vine a España y estaba revisando mis fotos, me acordé de aquellos negativos que había encontrado. Al revelarlos descubrí el viaje de una familia libanesa de los años 60 o 70 en los Alpes Suizos. Intuyes que son árabes por los rasgos, pero su forma de vestir es muy europea –con camisa, corbata y jersey de lana.
La forma de enlazar la historia, que era más importante que la mía, permite ver la evolución de cómo ha cambiado el país. Por ahí surgió la idea de las dos Suizas: el viaje de una familia libanesa a la Suiza original en los años dorados del Líbano, y el Líbano que se sigue considerando la Suiza de Oriente Medio. De ahí el título, Edelweiss, que encierra ese romanticismo de lo que fue y lo que es. Ver cómo vivían antes las familias y cómo, aunque sigue habiendo gente riquísima y que vive bien, la realidad es diferente.

¿Cuándo empiezas a dedicarte a la fotografía?
Antes trabajaba en una empresa. Me dediqué a la contabilidad durante dos años, hasta que muy quemado empecé a viajar por el extranjero. Fueron unos meses en los que hice las series Tapiz de barro y Kambala. Cuando puedo, me escapo e intento hacer alguna serie como esta –siempre que tenga una historia que contar. Mi padre, además, vivía en el campo y tenía cámaras con las que siempre trasteábamos. También nos gustaba viajar, conocíamos muchos sitios y hacíamos la fotografía del viaje. Ahí empecé. Cuando rompí con mi antiguo trabajo fue cuando decidí dejarlo todo para dedicarme a la fotografía más en serio.

Tapiz de barro y Kambala no tienen nada que ver temáticamente ni a nivel formal, pero comparten ese origen no buscado de la historia. ¿Cómo definirías tu estilo?
El estilo surge cuando vas madurando. Creo que esto conlleva años, lleva décadas formarse. Los fotógrafos que admiro tienen trayectorias gigantes y me imagino que muchos empezaron como fotoperiodistas y otros haciendo cosas más comerciales. Y mi estilo, si te soy sincero, no sabría definirlo. Me gusta mucho un fotógrafo japonés que se llama Masahisa Fukase, que hace una fotografía en blanco y negro mucho más personal y abstracta que la mía. Y Joseph Kudelka, que tiene un trabajo gigante, desde sus fotos de Praga hasta los gitanos en Hungría, un trabajo espectacular.


Técnicamente, ¿qué tratamiento le das a las fotos? Parecen hiperrealistas, casi pictóricas.
Ninguno. Es fotografía analógica. Uso fotografía de carrete de 35 mm y la película es Kodak. El tratamiento parece así porque están impresas en un papel 100% algodón que te da ese toque mate opaco que absorbe mucho la luz y no da nada de brillo. Tal cual salen del laboratorio donde las llevo a revelar, las escaneo y las llevo al taller de impresión.


¿Cuál será tu próximo viaje?
El próximo lo haré por España y Portugal, a lugares no muy lejanos. Y a largo plazo haré un trabajo en el Congo sobre el África metropolitana. Me interesa mucho la forma en que se están desarrollando las mega ciudades en África y documentar cómo es la vida allí. Siempre está bien ver otras realidades. La realidad cambia muy rápido. En el caso de Edelweiss estas personas antes tenían un nivel de vida muy alto y, de repente, de la noche a la mañana, sufrieron una guerra civil. Ahora la realidad del país es otra. Nosotros vivimos un estado de las cosas que mañana va a ser otro. No quiero hablar del rollo del carpe diem, que me aburre y está muy visto, pero la muestra gira un poco en torno a eso. Aunque tampoco quiero ser dramatista, el vaso se puede ver medio lleno o medio vacío.

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