Albarrán Cabrera. La búsqueda de un porqué.

A veces nos cuesta percibir lo que nos rodea o lo vemos de forma tan superficial que evitamos la apertura a ese diálogo fuera de nosotros mismos. Anna Cabrera y Ángel Albarrán, las dos mitades de Albarrán Cabrera, sin embargo, son de esas personas que conectan con el momento, que estimulan y despiertan nuestra curiosidad. Su obra permite reconocernos o descubrirnos. Nos hace pensar y nos invita a cuestionarnos cosas.

Desde que se conocieron hace treinta y un años han encontrado respuestas en la fotografía. ¿Las preguntas? Sobre el tiempo, el espacio, la naturaleza, la cultura japonesa –con una gran influencia sobre su trabajo tanto estética como técnicamente–  e incluso sobre ellos mismos, abordándola también como herramienta de autoconocimiento: “Como algo íntimo y personal”. Una intimidad que se refleja en la captura de algo más difícil de congelar que una imagen: un sentimiento.


Su identidad como fotógrafos ha ido evolucionando al mismo tiempo que su crecimiento y aprendizaje vital, ideando la imagen con una gran carga poética y artesanal a través de técnicas de impresión que van desde la platinotipia hasta lo digital, creando incluso procesos propios en esa búsqueda de textura y acabado que llega a hacerse físico, pudiendo tocarlo de alguna manera.


Próximamente presentarán su primer libro, Remembering the Future, en el festival Unseen Amsterdam, donde también realizarán una exposición con la galería que les representa en Suiza. El libro –editado por RM Verlag– se publicará el 21 de septiembre. Hablamos con el dúo creativo sobre este y otros proyectos.


¿Cuándo y por qué decidís unir vuestros caminos profesionales?
Entender la fotografía tal y como la entendemos ahora comenzó con la unión de ideas que tuvimos hace treinta y un años. Estamos juntos en la fotografía desde que nos conocimos, pero por supuesto no fue una reflexión calculada. Nuestra relación con el medio fue evolucionando como lo ha hecho nuestra relación personal de una forma gradual y natural. Es ahora cuando reflexionamos sobre cómo hemos llegado a donde estamos cuando nos damos cuenta del camino que hemos seguido.
Vuestra obra parece indagar en temas como el tiempo, el espacio o la identidad, como si quisieran darnos alguna respuesta.


Juan Rulfo, en su libro Pedro Páramo, escribió: “Nada puede durar tanto, no existe ningún recuerdo por intenso que sea que no se apague.” Las fotografías refuerzan nuestro recuerdos y, al mismo tiempo, nos dan un amplio conocimiento y nos ayudan a entender mejor el mundo que nos rodea. En una fotografía, nos interesan tanto los objetos fotografiados como todas las ideas y el conocimiento que hemos tenido que adquirir previamente para conceptualizarla como imagen. Usando la fotografía puede que no seamos capaces de resolver las grandes preguntas sobre el tiempo, la realidad y el espacio, pero nos interesa explorar cómo una imagen fotográfica puede hacer pensar a la gente sobre su realidad.

Anna, Ángel, ¿cómo surge Albarrán Cabrera? ¿Siempre os habéis dedicado a la fotografía?
Nos conocimos en 1987 y desde entonces la fotografía ha sido un medio que nos ha ayudado a crecer y entender la realidad que nos rodea. Antes de conocernos la usábamos como la mayoría de la gente: como un medio para almacenar recuerdos. Cuando nos conocimos y comenzamos a reflexionar sobre el medio, nos dimos cuenta de su potencial para entender y aprender más sobre el mundo.

¿Habéis descubierto algo que desconocierais sobre vosotros mismos a través de la fotografía?
Los dos somos bastante introvertidos. Trabajar juntos como un solo fotógrafo aún refuerza más esa intimidad. Conforme han ido pasando los años, la fotografía ha ido ocupando un porcentaje más y más grande en nuestra vida, pero siempre como una herramienta de conocimiento, como algo íntimo y personal, sin ninguna pretensión de enseñar nunca el trabajo a nadie.
Cuando nos animaron a enseñar el trabajo y empezamos compartirlo con más gente, nos dimos cuenta de que podíamos comunicarnos de forma abierta con más personas a través de la fotografía. La información, las opiniones y las reacciones que generan nuestro trabajo completan un ciclo de comunicación que nos permite crecer a nivel creativo y personal.

¿Qué ha de tener para vosotros lo que se considera ‘una buena foto’?
Hay una frase de Alexey Brodovitch que lo explica de una forma perfecta: “Una buena fotografía tiene que ser una expresión completamente individual que intriga al espectador y le fuerza a pensar.”

Vemos muchas referencias orientales en vuestra obra, ¿qué es lo que más os atrae de la cultura japonesa?
La cultura japonesa es muy importante para nosotros y nuestro trabajo. Es una cultura sujeta a bastantes estereotipos e ideas equivocadas. Al principio puedes caer en las redes de su filosofía y estética y solo quedarte ahí. Pero cuando estudias el idioma, su gente y su historia, descubres la realidad acerca de Japón: las cosas maravillosas, las buenas, las malas y las horribles que cualquier país tiene. Aún así, hay algo fascinante: Japón nos ofrece una interpretación totalmente diferente de la realidad comparada con la interpretación occidental. Todos vivimos en el mismo mundo, pero se puede interpretar desde múltiples y muy diferentes puntos de vista.

“Puede que no seamos capaces de resolver las grandes preguntas sobre el tiempo, la realidad y el espacio, pero nos interesa explorar cómo una imagen fotográfica puede hacer pensar a la gente sobre su realidad.”

También retratáis elementos de la naturaleza no solo de forma visual sino también casi física, con mucha textura, como si fueran pinturas. ¿Cómo nace esta visión?
La fotografía, tal y como hemos explicado, está íntimamente relacionada con nuestro crecimiento personal. Nuestra finalidad es aprender y conocer más sobre la realidad que nos rodea y la fotografía es la herramienta. Esto quiere decir que nuestro ‘estilo’ evoluciona a la vez que aprendemos y cambiamos como seres humanos.

Para crear las copias usamos todo lo que tenemos a nuestro alcance: desde procesos de finales del siglo XIX hasta la última tecnología digital. Mezclamos procesos como el platino/paladio, la cianotipia, la impresión digital o la gelatina de plata, y cuando alguno no llega a expresar lo que necesitamos, buscamos algo nuevo. Nuestro lema es que cuantas más herramientas tengas, más capacidad creativa tienes. Toda esta mezcla es lo que imaginamos que ‘genera’ un ‘estilo’.

La forma en que se refleja la luz, los juegos de sombras que ocultan los rostros… ¿Qué importancia tiene para vosotros lo que no se ve?
En el caso de This Is You Here, la idea de ocultar los rostros intenta hacer pensar al espectador sobre la identidad. Cuando algo no es visible, nuestro cerebro tiende a ‘rellenar’ ese vacío con nuestras experiencias y recuerdos. El vacío tiene la gran flexibilidad de rellenarse con las vivencias del espectador y mostrarle su propio yo.

En alguna ocasión habéis afirmado que “para poder ver lo que te rodea hay que olvidarse de lo que a uno le rodea.” ¿Podéis explicarnos esta paradoja?
El ser humano tiende a categorizarlo todo para poder darle un sentido. Lo necesitamos porque la realidad es demasiado compleja para nuestra capacidad cognitiva. Es una postura muy práctica, pero a la vez recorta una gran cantidad de información y todas las sutilezas del mundo en el que vivimos se pierden. Hay que intentar evitar esta caracterización y captar la realidad en crudo, como un todo. Es en las ‘fronteras’ entre las ‘cosas’ dónde se esconde la realidad más interesante.

A la hora de captar el sentimiento en una fotografía, más allá de la imagen ¿en qué os fijáis?
Además de los temas de composición, color o forma que funcionan de forma autónoma, en el momento en el que aprietas el botón tienes la sensación de haber visto ‘algo’. Ese algo pertenece a la frontera de la que hablábamos antes. No es algo que se pueda caracterizar, es una información que sientes que puede ser lo suficientemente global como para darnos que pensar y explicarnos algo más que desconocíamos.
¿Qué tipo de experiencias os inspiran? Viajes, lecturas, etc. ¿Cuáles son vuestros principales referentes?
Cada año visitamos durante un mes Japón e intentamos viajar todo lo que podemos (lo que la agenda nos va dejando). Hay muchísimos referentes. No solo fotógrafos sino pintores, escritores, científicos. Todos buscan lo mismo que nosotros: un porqué.
Por nombrar los primeros que se nos vienen a la cabeza: Josef Albers, Harry Callahan, Luigi Ghirri, Duane Michals, Toni Catany, Pentti Sammallahti, Gueorgui Pinkhassov, Ralph Gibson, Kansuke Yamamoto, Adam Fuss, Gerhard Richter, Giorgio de Chirico, Pierre Soulages, Giorgio Morandi, Anselm Kieffer, Lee Ufan, Julio Cortázar, Yasutaka Tsutsui, Haruki Murakami, George Orwell, Juan Rulfo, Tawara Yusaku, Michio Kaku, Erwin Shröedinger, Carlo Rovelli, Satoshi Kon, Wong Kar-Wai, Christopher Doyle, etc.


Vivís en Barcelona pero viajáis mucho a Suiza, Ámsterdam o Francia con varias exposiciones en distintas galerías. ¿En qué estáis trabajando ahora?
Estamos trabajando en nuevos portafolios relacionados con temas sobre los que querríamos aprender más e investigando sobre procesos nuevos. Entre septiembre, octubre y noviembre tenemos tres exposiciones individuales (en Barcelona, Boloña y Nueva York) y estaremos mostrando nuestro trabajo en el Unseen Amsterdam, en Fine Art Asia en Hong Kong, en Highlights en Munich, y en Paris Photo en el Gran Palais. Y estamos especialmente emocionados por nuestro primer libro, que estará disponible a finales de septiembre, y un segundo libro en noviembre.
Albarrán Cabrera presentarán su primer libro, Remembering the Future (RM Verlag), el viernes 21 de septiembre a las 18h en el festival Unseen Amsterdam.

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