Savage Beauty

1._Portrait_of_Alexander_McQueen_1997 BY MARC HORN

Hay una entrevista bíblica que David Bowie le hizo a Lee Alexander McQueen para la edición número 26 de Dazed & Confused, en la que el Duque Blanco le hace a un Lee, por entonces a las puertas de la Maison Givenchy, la eterna pregunta sobre la asociación entre moda y arte; y resulta irónico que alguien que pensaba que la moda no era arte (según sus declaraciones moda era cualquier cosa,  todo aquello susceptible de activar una emoción en su mente y de romper barreras), tenga una apabullante retrospectiva en uno de los museos más históricos de Londres, el Victoria & Albert Museum, cuatro años después de su éxito en el Metropolitan de Nueva York y de su inauguración en la capital británica el pasado 14 de marzo.

En aquella conversación de 1996 entre estos dos titanes de la más profunda y abigarrada cultura inglesa, Bowie le hacía elegir en determinado momento entre Armani o Versace. Con su hilarante respuesta, Marks and Spencer, quedaba desmontada cualquier endiosada figuración que pudiéramos tener de uno de los últimos grandes modistos de la historia.

Como buen Young British Artist, en coétanea sintonía con  Damien Hirst, Matthew Barney, Isabella Blow o John Galliano compartió ese mismo espíritu transgresor de los noventa, (desarrolló su carrera desde el año 1994 hasta el 2010). Una personalidad errática en constante conflicto, que se proyectaba en  la exageración de los artificios, el espectáculo y la creación singular en la que destacaban valores fundamentales como el placer y la libertad individuales, la personalidad creativa y la imagen subversiva.

Las colecciones de McQueen, conceptuales y viscerales hasta el paroxismo, respiraban un profundo dramatismo e irracionalidad en una obsesiva necesidad de explicar su visión de la cultura, de la política y de la sociedad. Su trabajo se define dentro de una constante dualidad: convulso y metódico, abstracto y real, retórico y antinómico, moderno y anticuado, barroco y simplista.

Colecciones desgarradas y a veces excéntricas pero también depuradas y poéticas, románticas e históricas. Una cadencia imprevisible en un recorrido desde el interior hacia el resto del mundo y una reivindicación permanente fruto de su inquietud y de esa obsesión de exteriorizar sus ideas en un complejo ejercicio catártico.

Una gran constante que podemos ver en la muestra es la historicidad de sus colecciones, reinterpretadas en exageradas siluetas del siglo XIX. Muchas de sus obsesiones, procedían de la influencia de los héroes románticos, y así lo reflejaba en sus creaciones. Además del historicismo, también podemos ver mucho contenido autobiográfico, reflejando a menudo su herencia escocesa. Su orgullo nacional, evidenciaba esa pasión por las raíces históricas. “Highland Rape” o/i 1995-96 supuso la primera introducción del tartán en una colección. “Widows of Culloden” o/i 2006-2007 se inspiraba en la batalla de Culloden (1746) y en las rebeliones Jacobitas, en su mayoría escoceses de las Highlands, que defendía la restauración de la casa de Estuardo en el trono británico.

La sensibilidad romántica de McQueen, se extendía además geográficamente. Al igual que el historicismo, el exotismo en sus colecciones fue el eje central en su trabajo: India, China, África, Turquía o Japón quedaban retratados en unas colecciones que suponían una desmaterialización de las ideas a través de materias primas, tejidos y bordados preciosistas, explorando las distintas culturas y tradiciones que luego reinterpretaba de forma única.

Piezas que recuperan la minuciosidad de los detalles así como la grandilocuencia de sus formas y volúmenes en una artesanía contemporánea que supone la recuperación del carácter humano en una búsqueda emocional que nos lleva a nuestros orígenes. McQueen nos condujo hacia la complejidad de los tejidos y texturas de aspectos naturales, trenzados, encajes, brocados y cristales minuciosamente estructurados dando forma y creando relieves ricos y llenos de matices.

La puesta en escena de la exposición del Victoria & Albert Museum, inyecta esa misma esencia que el modisto solía recrear inspirándose en el cine, el arte y la fotografía. A lo largo del recorrido, encontramos proyecciones que recogen aquellos shows algo metafóricos y alucinógenos, llenos de recursos líricos y excesivos.  McQueen representaba cada colección imponiendo su estética y su universo al margen de cualquier convencionalismo, creando situaciones inverosímiles, evocando vivencias oníricas y recuperando la teatralidad en cada desfile. Consideraba el cuerpo como un elemento controvertido, y se planteaba la normalidad frente al espectáculo de lo marginal en el que se recreaba. Su inagotable imaginación, creó una auténtica iconografía de amazonas, pájaros, mariposas, calaveras, escoceses, piratas, serpientes, diosas, mártires…de manera que sus desfiles, con la colaboración de artistas británicos de vanguardia, resultaban impactantes.

La proyección de “nº13 ”(P/V 1999) y Voss, es el mejor ejemplo de todo lo anterior, manifestando esa inclinación por el uso de la tecnología, con aquellos robots que en pleno asedio disparaban rayos de pintura a una modelo con vestido blanco evasé, a modo de lienzo, en una espiral de éxtasis donde la pintura cae de forma calculada, simulando el proceso creativo de un artista. O Voss (P/V 2001), que se imprimió bajo la transgresora obra de Joel-Peter Witkin “Sanitarium” (1983) y que ahora evocan los maniquíes de la muestra.

Los detalles, accesorios y tocados hacen que sus colaboraciones con Swarovski, que es además patrocinador, y con Treacy que tan bien interpretó e inspiró su descubridora-editora-estilista-artista-icono Isabella Blow, también tengan una presencia notable en la exposición, sobre todo varias piezas de la colección PV 2008, La Dame Blue. Isabella Blow se había suicidado un año antes, y John Gosling se encargó por entonces de la música del desfile que intercalaba una especie de psico-cacofonías de la propia Isabella. McQueen y Treacy conmemoraban la ocasión con Bird of Paradise y Red Butterfly Hat, unas piezas muy orgánicas elaboradas con plumas y alas de mariposa que no podemos dejar de admirar.

Esta sublimación de la naturaleza, paralela a la tecnológica, sugiere una comunión metafórica entre la última vocación romántica y los avances, nuevos símbolos posmodernos. Y sobre la naturaleza, el historicismo y la tecnología acompasada por el inquietante peso de la música,  el museo nos transporta a una retrospectiva que nos hace reflexionar a través de los sentidos.

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