Antonio López / Leer la pintura.

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Cuerpos y flores es de esos libros que viven y respiran más allá de los márgenes de sus páginas, y en los que el diseño y la creatividad comulgan con el artista para realizar una pieza tan valiosa en contenido como en su singular formato: enmarcado en un estuche con tapa de cristal serigrafiado y realizado por maestros ebanistas en madera de arce, reproduce un detalle de una de sus esculturas más conocidas, La mujer de Coslada.
Antonio López (Tomelloso, Ciudad Real, 1936) es uno de los pintores y escultores más destacados y premiados del panorama artístico español y un referente internacional del hiperrealismo. Además de otras temáticas importantes en su trayectoria, como la pintura urbana, empezó a trabajar el motivo del cuerpo humano en el año 1955. Es más tarde cuando López introduce las flores, creando una unidad armónica entre estos dos mundos tan fascinantes, frágiles y perecederos. Y puede que sea esa cualidad efímera la que nos seduce, la que nos deslumbra antes de abocarse irremediablemente a la decadencia: el cuerpo que nace, que vibra, que se marchita. También las flores y todas las cosas que amamos se desarrollan, llegan a un punto de plenitud y mueren.La suya es una mirada poética sobre la naturaleza, el hombre, y la relación que existe entre ellos: “Son seres vivos, creados por Dios, por la naturaleza, que se reproducen, que tienen belleza, tienen seducción. Estos dos temas tienen muchísima relación, forman un conjunto pequeño, un significado”.

En la presentación de Cuerpos y flores, que tuvo lugar hace ya unos días en el Museo Thyssen de Madrid, la palabra más repetida ha sido ‘monumental’, refiriéndose al primer y único libro de artista creado mano a mano con el pintor por la editorial Artika, con una selección de obras reproducidas en su mayoría a tamaño real en un volumen de 47 x 66 cm. Unas dimensiones que nos permiten meternos de lleno en su obra, tanto en su significado como en su técnica: desde la superposición de materiales –tan característica de su trabajo– hasta los estudios que realiza durante el proceso de creación.

Pero más monumental y carismática es sin duda la personalidad del artista manchego, de ochenta y un años, que mientras nos recomendaba el último libro que ha leído sobre Velázquez –escrito por Ortega y Gasset– se sinceraba sobre su amor por la lectura: “Ando siempre rodeado de libros, me acuesto con los libros, los miro hasta que me entra el sueño. Siempre estoy leyendo y he aprendido mucho de ellos porque he viajado poco. Mi generación viajó poco, tuve pocas oportunidades de salir y me acostumbré a mirar las reproducciones en libros modestos, en blanco y negro; a veces en tarjetas postales. Fui conociendo el arte de esa manera”.

Entre las sesenta obras recogidas en doscientas páginas, nos llama la atención una edición limitada y numerada de Rosas de Ávila en una lámina gicleé –una de las maravillosas litografías del artista. En la portada se ha reproducido un detalle del óleo Espaldas (1965), mientras que la contra ilustra otro detalle del conocido cuadro Adrián y Miriam (2014), una de sus últimas obras. Dos pinturas separadas por casi medio siglo, en un guiño que hace el artista al paso del tiempo, aludiendo al pasado y al presente.

Un juego que vuelve a hacer referencia a la temporalidad, pero también a las constantes de su obra, presente en lo que ahora tiene entre manos, tal y como nos contaba: “Ahora sigo trabajando en los mismos temas de siempre. En figuras dibujadas, pintadas y esculpidas. Sigo trabajando sobre la ciudad y sobre las flores. No temo repetirme porque ahora veo las cosas de manera distinta –aún siendo la misma persona– de cómo las veía en otros momentos. Los temas siguen siendo los mismos, pero voy adaptándolos y expresándolos desde el momento en que los estoy haciendo. Ahora incorporo cosas que de joven no podía y también me quedo sin esas cosas que de joven veía. Algo te tienen que dar los años cuando te quitan esa plenitud física, y sigo trabajando como siempre, adaptándolo a la edad y el momento que estoy viviendo, pero no ha cambiado”.
Cuerpos y flores es único porque un libro tan monumental no podría repetirse aunque López afirmaba: “Eso nunca se sabe, pero este libro es tan extraordinario que no se puede hacer más que uno”. Un paseo por todos los años de su trabajo en los que podemos descubrir la pasión de Antonio López por la figura humana y la belleza de las flores.
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