Girar el pomo. Abrir la puerta.

Hay personas que después de una atadura prolongada – familiar o laboral – se sueltan de golpe al darse cuenta de que en realidad ya no hay nada que les sujeta.

LEON

El tiempo ha pasado sin haber invertido demasiado en ellos mismos, sintiendo la urgente necesidad de ponerse al día con la vida.

Bukowski

Estos despertares tardíos sientan genial. Cuando todo el mundo claudica hacia la decadencia, cuando la mayoría vive sin curiosidad, sin ganas y se encuentra de vuelta de todo, ahí vas tú  tratando de descubrir lo que te habías perdido, afianzándote en una segunda juventud a la vez enardecida y serena.

Pero a veces necesitas un ligero empujón. De repente aparece alguien con una mirada y energía especial, y entonces sucede el milagro: estas personas nos impulsan a hacer cosas diferentes, que surgen de la nada, dándonos la oportunidad para atrevernos y lograr el cambio.

Columpio

Soy hipertímida y tradicional (o eso creía) así que era raro que me apuntara a este tipo de plan -loco para unos, posiblemente corriente  para otros y sin detalles raros para los malpensados- de esos que no sabemos muy bien cómo encajar.

Una extraña terapia de choque. Una desconocida sensación de LIBERTAD, independencia y seguridad.

Saltar

-“¿En qué piensas?” me preguntaba descolocado, imagino, ante mi silencio abismal -un bálsamo necesario para aligerar la tensión del momento-.

American Psyco

Este tío se está riendo de mí, ¿en qué voy a pensar? -pensé-.

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Podía haber sido una estampa de Sorolla, pero mi ocurrencia de llevar una blusa de leopardo en un entorno natural como aquel, lo convertía en una especie de safari o escena costumbrista con un punto festivalero bastante raro.

No había dormido nada. Tenía una gran resaca que trataba de disimular con gafas oscuras y una buena dosis de aparente quietud, como un Don Tancredo amomiado que espera y espera petrificado sin saber muy bien dónde demonios se está metiendo.

Era casi final del verano y festivo, así que nada de pelu ni manicuras ni florituras: la blusa animal print, falda tubo de crochet y chanclas en un improvisado look muy adecuado para caminar por el sendero que conducía a aquel inesperado paisaje.

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Aunque ahora que lo pienso, aquello no sería una cita ¿no? No, no, seguro que no: mi empanada mental y escapismo de serie han hecho que en general nunca me entere de nada, la verdad.

Pero un asunto tan original  no se presenta normalmente, y si una quiere dejar de repetir patrones sabe que hay que lanzarse.

La sensación que tuve me recordó a otra historia que me pasó hace tiempo, una noche cavernosa, después de haber ido a una fiesta de disfraces.

La temática era de los Juegos Olímpicos que en aquel momento se celebraban en Pekín, así que mis amigas -en vez de ir de guapas- decidieron envolverse en horribles túnicas de color azafrán en solidaridad con el conflicto tibetano. Iban hechas un simpático cuadro.

En aquella época yo no tenía tanta confianza en mí misma como para plantarme con una calva de silicona en plan Dalai Lama delante del chico que me gustaba, así que decidí ir por libre, mucho más favorecida.

Fitness

Eso sí, mientras el resto íbamos ideales con nuestros disfraces de gimnastas, nadadoras o tenistas, mis valientes amigas fueron la sensación con sus brillantes calvas y originales gafas de culo de vaso -hay que llevar siempre un gancho estilístico llamativo para que se acerquen a hablar contigo, no falla-.

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Ya terminada la fiesta, de vuelta en casa, pude comprobar con extrañeza que la puerta no se abría.

Traté de forzar la cerradura metiendo la llave una y otra vez para conseguir abrir aquella obstinada mole. Solo cuando empecé a distinguir ruidos que provenían del interior, comprendí que existía la (no tan remota) posibilidad de que me hubiera equivocado de piso: cuando oí a mi vecino Ramón gritando  “quién anda ahí” tuve que salir corriendo presa de la desesperación -menos mal que no iba vestida  de tibetana- eso sí, manteniendo toda la dignidad que me caracteriza.

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Algo parecido me ocurrió cierto verano: me encontré accidentalmente frente a una puerta que tenía que abrir a toda costa.

Puerta
Este tostón que estoy contando de la puerta viene porque acabo de leer un artículo sobre el papel que tienen las puertas en nuestras vidas, y la disección cinematográfica que hace Marta Fernández me ha dejado algo rayada.

Dice que una puerta puede impulsar la acción, reventar la trama, mostrar otro mundo o dejarnos atrapados en este, protegernos, liberarnos. Cerrarse para dejar abierto el final.

Al otro lado de la puerta se encuentra lo que queremos: esas cosas de vivir el presente sin más, de aceptar retos, simplificar y no dejar la vida pasar.

maguiott

Así que ahí sigo empeñada en aprovechar el impulso.

Quentin

De vivir al límite

 

Con confianza

 

Sin presión

 

Con independencia.

FISHER

Sabiendo que todo es temporal, que las cosas suceden cada vez más rápido y que en un mismo año se pueden vivir muchas vidas.

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Y también que hay años en los que no ocurre nada  (estos también son necesarios).

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Lo que todavía no sé a estas alturas es dónde situarme a partir de ahora: en algún lugar entre en el 0 y el 100, supongo, conservando parte de mi anticuada mentalidad y espíritu selectivo.

 

¿No?

Society

Pues no, porque de momento no he empezado a interesarme por los nombres de los pájaros (la madurez según Beigbedere) y porque, aunque aplazar la gratificación aumenta el placer -como bien sabe cualquier hedonista-, hay demasiadas cosas que disfrutar ahora.